Roberto Álvarez, psicólogo, en la Universidad Pontificia
Roberto Álvarez, psicólogo, en la Universidad Pontificia

La Facultad de Psicología de la UPSA organiza la conferencia ‘Counseling y acompañamiento psicológico en el sufrimiento, final de vida y duelo’

La Facultad de Psicología de la Universidad Pontificia de Salamanca ha organizado la conferencia ‘Counseling y acompañamiento psicológico en el sufrimiento, final de vida y duelo’, a cargo de Roberto Álvarez, psicólogo y psicoterapeuta en la Unidad de Cuidados Paliativos de la Fundación Instituto San José de Madrid.

Roberto Álvarez ha explicado a los futuros psicólogos el fenómeno del duelo entendido como un proceso para aprender a vivir sin el ser querido. «El duelo es el precio que se paga por amar, porque solo hacemos duelo cuando amamos a alguien», afirma. Para el psicólogo, ese camino consiste en aceptar el hecho de la pérdida del ser querido y aprender a sostener la tristeza, la añoranza y el vacío que nos deja, con algo más profundo e interno que es el amor, «porque hay algo que nunca se va a llevar la muerte. Es el amor».

Pero, ¿cómo amar a alguien que no está y no va a volver? El psicoterapeuta da pautas para su consecución: recordarle con anécdotas, mantener vivo su legado, mantener la dimensión espiritual. «Ese ser vivo ya no está en el mundo, pero está dentro de nosotros, se siente profundamente», y aprender a conectar con esa imagen interna del ser querido, «es una tarea que requiere tiempo».

Fases del duelo

«Hay tantos duelos como personas en duelo y cada pérdida es única y personal», indica Álvarez, aunque advierte que existen reacciones que son universales.

En un primer momento existe la ‘sana evitación’ en la que sentimos rabia, culpa, tristeza y preguntas de por qué ha sucedido. «Es natural sentirlo porque no quieres dejar marchar a la persona que amas», indica. La segunda etapa es la de ‘asimilación’, es el momento más duro que se produce en los 6-9 primeros meses y consiste en asumir y sumergirse en el duelo. Surgen miedos, rabias e intelectualmente se produce una comprobación real de la ausencia. El psicólogo explica que se produce una lucha y para superarla hay que hacer dos tareas: la primera es aceptar (más cognitiva y emocional) y la segunda es aprender a canalizar, convertir el amor en tristeza y sostener esa tristeza con acciones. Un tercer momento es la etapa de ‘adaptación’ a un mundo en el que la persona no está. «Es una fase muy dolorosa porque sientes que vuelves atrás al intentar recuperar la agenda familiar, profesional y social y la persona se resiste». La cuarta etapa dura toda la vida «porque el duelo no se cura. Es la que vincula ese amor interno y donde las personas trascienden y dan una continuidad espiritual dando un nuevo sentido a la vida», es donde surge la resiliencia al enfrentarse al día a día.

Para el psicólogo, la muerte para cada persona es una circunstancia traumática, pero, hay características que pueden complicar el duelo como: la pérdida de un hijo, o la de un padre o madre en edades tempranas, o pérdidas traumáticas. «Hay autores que indican que la pérdida de un hijo no se elabora nunca, porque es una continuidad de futuro y de nuestra existencia». No todos los duelos necesitan acompañamiento psicológico, un 70% de las personas inician su proceso de duelo y lo elaboran en 2 años y medio aproximadamente.

Álvarez concluye que la muerte sigue siendo un tabú. «No hay educación sobre el tema. Es una época muy vivencialista, se educa para conseguir eficacia y resultados y las heridas de la vida, rechazos, abandonos, soledad y pérdidas las apartamos», e insiste en que, «es curioso que los padres se nieguen a que los niños vayan a ver a su abuelo en Cuidados Paliativos, por la impresión que les puede causar, y sin embargo, celebren halloween donde se banaliza la muerte».

Publicación original en Salud a Diario

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