1º Premio

Título: Morir de vieja

Autora: Lydia Descals Samper

Ainhoa tenía ocho años. Tenía diecinueve libros en su habitación. Tenía muchas ganas de viajar a Japón. También tenía leucemia. Lo que no tenía era mucho tiempo.

Morirse no le gustaba nada, pero no se le podía hacer gran cosa. En vez de lamentarse, decidió que contaría cada día como si fuese un año entero, y así podría morir de vieja. Enero, de doce a dos. Febrero, de dos a cuatro. Hacía frío en invierno, pero de pronto venía junio, de diez a doce, y pasaba el mes entero en el parque, si la dejaban. Se dio cuenta de que no es que ella fuese a morir demasiado pronto, es que el resto del mundo iba a morir demasiado tarde. Le daba un poco de pena que tanta gente perdiese tanto tiempo en cosas tan tontas.

Llegaba septiembre, tocaba leerle un cuento a papá y mamá. No hacía falta más.

1º Finalista

Título: Alas Blancas

Autora: Patricia Collazo González

Me ausentaba apenas unas horas. Las justas para darme una ducha, reacomodarme la sonrisa y regresar al hospital. Mientras tanto, Leo se quedaba con su padre.

El niño hacía preguntas. Muchas. Que por qué le pinchaban tanto, que cuándo saldría de allí, que cuándo llegaría su nuevo corazón. Y últimamente, que por qué si le habían crecido alas, no lo dejábamos volar. ¿Qué dices? No te han crecido alas, cariño, le contestaba yo revolviéndole el pelo. Y con eso disimulaba el nudo que tenía instalado entre la garganta y el estómago.

Hasta que una tarde regresé con mi sonrisa puesta y lo encontré parado en el alféizar. Las alas allí estaban. Extendidas, impecables, blancas.

Su padre me miró, yo asentí. Él le soltó la mano, y lo dejamos volar.

2º Finalista

Título: Llorar a mares

Autor: Raúl Clavero Blázquez

Cuando nos dio la noticia, comenzamos a llorar. Fue el nuestro un llanto insostenible, desconcertado, similar a un mapa sin ciudades, ni ríos, ni montañas, que se prolongó durante semanas. La casa se llenó de lágrimas, y la cama de mi padre, flotando sobre ellas, se alejó de nosotros. En su regreso, meses más tarde, estaba desoladoramente enflaquecido, pero traía los ojos abarrotados de nuevos paisajes. Dijo encontrarse ya listo para soportar nuestra pena, y nosotros nos confesamos preparados para aliviar su dolor. Cubrimos con toallas los rincones y, en el tiempo que aún pudimos compartir, nos concentramos en escuchar sus historias y en perdonar sus faltas.

Ahora que ya no está, todavía, algunas tardes, nos da por llorar sin freno. Cuando eso sucede, cogemos unos cuantos víveres, nos subimos a nuestras camas y navegamos por los recuerdos, sin prisa, hasta que sentimos bien secas las pestañas.

3º Finalista

Título: Cierro los ojos

Autor: Juan Miguel Izquierdo Carrasco

Abro los ojos.

Muchachas sonrientes de blancos uniformes con girasoles en la solapa revolotean a mí alrededor.

Un mínimo pinchazo en el pecho.

Paz.

 

Abro los ojos.

Olor a canela y almíbar. Manzanas de caramelo y arroz con leche.

 

Abro los ojos.

Olivos plenos de aceitunas.

 

Abro los ojos.

Mozas en el pilar lavando la ropa. Revuelo entre blancos lienzos.

Y una sonrisa que detiene el tiempo.

 

Abro los ojos.

El cuerpo desnudo de una mujer.

 

Abro los ojos.

El llanto de un recién nacido desborda mi alegría.

 

Abro los ojos.

Una presencia me conforta. Susurros cálidos, cálidos abrazos.

Y un beso que sabe a despedida.

 

Abro los ojos.

Mi abuelo me coge la mano.

 

Cierro los ojos.

4º Finalista

Título: La silla

Autora: María Brígida López Romero

Hacía cinco meses que me había mudado a la silla. Era muy estrecha, de plástico, blanca, rígida y estaba mal atornillada.

El primer día solo aguanté en ella un par de horas; y ahora, que ya no puedo volver a sentarme, me doy cuenta de que podría haberme quedado en ella toda la vida.

Si estiraba el brazo, sujetaba tu mano. Si levantaba la vista, me hablaban tus ojos. Estaba tan cerca que podía respirarte. Yo, en la silla, y tú, tumbada, en silencio, contándome tantas cosas.

Era, sin duda alguna, la mejor silla del mundo.

5º Finalista

Título: Escribiría sobre mi padre

Autor: Lirio Forzado

Escribiría sobre los tiempos en los que te llamaba papá y tú no sabías que papá era mi forma de pronunciar superhéroe. Escribiría sobre la clase en la que nos preguntaron que queríamos ser cuando seamos grandes y yo dije, alto y claro, que quería ser como mi papá. Todos se rieron. Hasta los niños que querían ser superhéroes se rieron.

Escribiría sobre los poderes que querían tener pero eran los típicos de siempre. Todos querían volar o tener superfuerza pero a mi padre no le hacía falta nada de eso para hacernos sentir protegidos. Escribiría sobre los motivos por los que nos distanciamos pero le he dado tantas vueltas que ahora es demasiado tarde.

Escribiré sobre todas las veces que pensé en pedirte perdón y no lo hice. Sobre los abrazos que me hubiese gustado darte. Escribiré un te quiero sobre otro. No pararé hasta que lleguen al cielo.

Premio del público

Título: La boda

Autora: Mª Pilar Abia de Tierra

Cuando el dolor era insoportable, lo que cada vez ocurría con más frecuencia, pedía un “rescate”. Unas horas de paz para pensar y poner en orden su vida y la de aquellos a los que iba a dejar.

Se había reconciliado con su exmarido. El dolor le dio fuerzas para comprender, pedir perdón y perdonar. Después del trabajo, él recorría 70 Km. para pasar la noche con ella en el hospital, sentado en un sillón, cogidos de la mano, como cuando eran novios y daban largos paseos.

Sobre la mesilla, una foto tomada días antes de que naciese su hija. Tan jóvenes, tan felices.

―¿Nos volvemos a casar?

―¿Para qué?

―Para borrar los errores, volver al principio.

La enfermera le hizo un turbante blanco con gasas. Ofició el alcalde, fueron testigos la psicóloga y la enfermera. Ellos, luz en la mirada.

Se fue reconciliada consigo misma y con la vida.